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Una vez más Finisterre:

Una vez más Finisterre, y claro que habrá una próxima y muchas más...Y si por un minuto de felicidad merece ser recordado un dia, un maravilloso fin de semana merece ser recordado toda una eternidad. Si mi primer encuentro con esta tierra fue deliciosamente amable y cautivador, este segundo fue una auténtica declaración de amor. Y a los amores hay que alimentarlos y avivarlos, para que el hambre no los atrape y la nada los apague. El sábado fue un dia intenso, muy dinámico, al cien por cien aprovechado y al cien por cien vivido y disfrutado. El camino nos proporcionó una etapa relajada, sin apenas obstáculos, con suaves subidas y bajadas, con unas vistas y panorámicas impresionantes de un océano cercano y de unos pueblos marineros que nos recibieron con la gratitud y la hospitalidad de quien está acostumbrado desde tiempos inmemoriales a abrir sus puertas a caminantes de todo el mundo. Y a primera hora de la tarde llegamos a las inmediaciones de Finisterre. Allí nos recibió, blanca y fastuosa, la playa de la Langostera. Y rápidamente a descalzarse.¡ Qué descanso !.Y corre uno hacia la orilla para sentir la frescura del agua, y esas olas que llegan a tus pies, amortiguadas, agónicas, para morirse segundos después, sin antes traspasarte toda la fuerza y vigor que las hizo nacer y crecer. Y esa arena bajo tus pies: cosquilleándolos, mimándolos, acariciándolos, besándolos, abrazándolos y dulcemente envolviéndolos y enterrándolos. Y por allí cuatro de nuestros mas emblemáticos nadadores , sin pensárselo medio segundo, surcaron las frias aguas de un mar excepcionalmente en calma...Y allí, por segunda vez, en dónde la tierra extiende hasta el límite su mano para no dejarse atrapar por el mar, allí en dónde el océano despliega su manto azul hasta confines desconocidos, allí mismo, el Sol, da por acabada su etapa diaria, y lentamente se descalza, se desviste, y se acuesta y se duerme... no sin antes lanzar con sumo esplendor y brillo sus últimos suspiros de fuego y vida. No se puede ser ciego en Granada, es verdad, pero tampoco en Finisterre, ni en la Albufera, ni en Asturias ni en España...
El rótulo vertical iluminado nos invitaba a entrar. Y así lo hicimos. Poco a poco fuimos llenando el recinto. ¡Música maestro!, Y suenan los primeros acordes, y los segundos, y los terc...y el baile desde el principio ya está en su pleno apogeo. ¡Qué aguante !. Desde las siete de la mañana dándole caña al cuerpo y ya son la una , las dos, las tres... y ahí se sigue, pasito palante pasito patrás, vuelta paquí vuelta pallá...copitas, fotos, videos, risas, salsa y más salsa, y el ameno cantante currándose su faena, sudando su impermeable traje y obsequiándonos , sin descanso, con una actuación nada decepcionante. Y Nina con su proclama: ¡A vivir y a bailar, que aquí no nos conoce nadie - yo ya lo dudo - y mañana a las nueve nos piramos !. Y Chema con su micro y su tango, sin partitura, a pelo, como los grandes...Y cómo casi siempre pasa , no podía faltar la presencia de la estrella, creo recordar que de nombre Don guiño, nacionalidad, entre ecuatoriana y colombiana, residente en Miami, salsero y coreógrafo de profesión, vinculado o no - sin confirmación - a la cocinera - a esas horas bella salsera - del Mariquito. Y Don Guiño, de cuerpo invertebrado, perfil ondulado , entrepierna abultada, según Enrique - que todo lo pilla, excepto el destino de la gorra del vasco - y voz aterciopelada, desplego sus encantos y dotes de persuasión para acaramelar a nuestras preciosas compañeras. Casi todas fueron tentadas, pero ninguna , que se sepa, quedó anestesiada por sus envolventes hechizos. Ellas quieren ritmo, y bien que lo aprovecharon, pero donde se ponga un buen hueso revestido por una buena carne...Y entre tanta música, baile y cachondeo hubo tiempo para las relaciones y acuerdos internacionales. Ahora sólo resta que los compromisos se cumplan y todo llegue a buen fin. ¡ Por Alemania y España !
Y allí, en dónde las rocas se van despojando de su tinte negro y a lucir sus originales diseños, se alza un castigado santuario que reza por reemprender el vuelo. Y un poco más arriba, desde la cima, la tierra , el mar, el aire, y el fuego del caminante se unen en una fraternal apuesta por la vida. Y desde allí, y desde todas las partes del mundo, depende desde dónde miremos y como nos miremos, nos haremos más grandes o más pequeños...Gracias por el camino, por vuestra compañía y vuestro cariño.

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