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Resumen de la etapa Puente Quintos -Calzadilla deTera:

Salimos en bus, como siempre, antes de que colocaran las farolas y las calles de Oviedo, pero cuando los angelitos ya habían salido a hacer sus aguas menores, con las que regaron generosamente a algunos incautos que habían salido de casa aprovechando una tregua acuática, sin saber que esos cabroncetes estaban esperando a que traspasaran la puerta para aliviarse.
Cada uno se sentó en su sitio habitual, como es habitual.
Pese a que era de noche “atinamos” bien con la salida de Oviedo, especialmente porque llevábamos ración doble de Tino al volante, y después de las habituales chorradas viajeras y de la consabida parada para el alivio de aguas, esta vez de los viajeros, en especial de las viajeras, llegamos a Puente Quintos.
Como consecuencia de las lluvias torrenciales de los últimos días había al parecer algún problema en el tramo del camino que saliendo de Puente Quintos asciende por la ladera del río......., bueno del río noseque, el que quiera saberlo que vaya a Google Earth. Pero claro, como es obligado en el espíritu caminero, la reunión de dirigentes acordó que los peregrinos tienen que hacer todo el camino, kilómetro a kilómetro, metro a metro, centímetro a centímetro, milímetro a milímetro y así hasta el quark o lo que sea más pequeño que hayan encontrado desde que yo estudié el bachiller y lo más pequeño era el a-tomo, in-di-vi-si-ble.
Las guías telemáticas del camino ya advertían de que desde Puente Quintos había un tramo difícil, cerrado de maleza y que después había un brusco ascenso por la ladera del talud de la ribera del río......., de ese mismo de antes. Claro que las guías están hechas en los habituales tiempos de pertinaz sequía y no contaban con la exuberancia y la humedad que el invierno del 2013 había traído a estas tierras castellanas.
Así que desembarcamos en el puente y, con espíritu esforzado lo cruzamos decididos hacia la otra ladera. Lo que es cruzar también nos cruzamos con un peregrino mayorín, o sea, como nosotros, que volvía lleno de barro y que nos hizo señas como de que no, que no, que por ahí no. Pero la gente pensó que estaba saludando y todos lo saludamos con manos, gorras y pañuelos.
Del otro lado del puente solo se veía un muro de zarzas, jaras, matorrales pinchudos y líquenes, muchos líquenes. Alguno dudó, pero el Padre Manolo sacó el bastón de caminante, trazó una línea en el barro y dijo: “Al otro lado de esta línea nos espera la gloria, El Dorado, las Siete ciudades de Cibola (..tócame la pola, dijo algún gracioso), los tesoros de la Catedral de Santiago, un hotel con jacuzzi y una cenorra en Benavente.
Los que se queden de éste lado de la línea rumiarán toda su vida su cobardía y su fracaso, volverán a cuidar gochinos en la dehesa y, además, se quedarán sin Compostela.
Así que, recuerden a Pizarro y .... SÍGANME LOS BUENOS.
Todos pasamos la línea.
Los primeros metros eran escasamente practicables, pero a medida que avanzábamos la maleza se hizo tan espesa que era imposible traspasarla.
- “ A ver, voluntarios para el desbroce” dijo el Padre Manolo.
- Yo, yo..... Era la voz de Severino.
 “Perfecto, quedas nombrado desbrozador oficial”
 No. Que quería decir que yo he traído mi navaja del ejército suizo que tiene navaja, sacacorchos, abrelatas, punzón … bla, bla ..hilo y aguja.. bla, bla ….preservativo de emergencia ..bla,bla... y una sierra y unas tijerinas. Que a lo mejor valía.
 Con más motivo. Desbrozador mecánico oficial. ! A trabajar!
Lentamente, en estrecha fila india fuimos pasando por el hueco que Severino iba dejando, llevándonos por el camino, ramas en el pelo (los que iban sin boina), palitos en las orejas (los que iban sin orejeras), pinchos en las manos (los que iban sin guantes), algún jironcito de piel que iba dejando Severino y líquen, mucho líquen.
Yo como iba sin boina, ni orejeras, ni guantes acabé pareciendo un árbol viviente de los dibujos animados.
Por fin salimos de la maleza, todos cubiertos de líquenes verdes ( menos Jóse), de manera que los delgaditos parecían un comando de camuflaje y los grandotes y fuertes La Masa.
Al otro lado de la maleza nos esperaba una cuesta embarrada, semi-cerrada por un argayu (derrumbe, derrabe, corrimiento de tierras, para los que no sean asturpalantes).
Los primeros, con Pepe Crabiffosse a la cabeza, se lanzaron raudos a atacar la cuesta y fueron acumulando barro en sus botas a cada paso, de manera que cuando llegaron al argayu casi no podían levantar la pata y quedaron allí atrapados.
El Padre Manolo envió entonces a la segunda oleada de voluntarios para alcanzar la cumbre y decidió que para que no se les pegase el barro a las botas, íbamos a utilizar las bolsas de plástico de la comida para forrarlas. Al principio la idea fue resultando pero cuando la cuesta se puso más pina empezaron a resbalar y a caer de barriga, rodando otra vez ladera abajo y llenándose los chalecos de barro especialmente una de las Velasco Sisters .
En aquél momento desesperado José Ramón dijo:
 Yo me ocupo
Ante el asombro general, cogió dos piedrinas en cada una de sus manos delanteras, remangó un puquiñín los bajos del pantalón, de pana, por supuesto, y apoyándose un poco en la puntera de la bota y otro en las piedrinas de las manos esguiló por la cuesta hasta arribón de todo. Objetivo conseguido. Hicimos una cuerda de cinturones que Jóse amarró a una roca y fuimos subiendo uno a uno.
Cuando por fin llegamos arriba y toda la expedición estuvo reunida y de barro hasta las cejas ( menos Jóse), después de caminar más o menos un kilómetro llegamos al cruce con una carretera, en donde nos encontramos con otro grupo de peregrinos que habían llegado hasta allí en autobús, ahorrándose las penalidades y empezando desde ese punto el camino.
Malos peregrinos, cobardones, os vais a quedar sin Compostela, Les gritamos. No pareció importarles un pijo, nos miraron con conmiseración y nos dijeron que ahora todo el mundo pasa de la Compostela y que ni se preocupan de sellarla. Nos cagamos en Pizarro y en el Padre Manolo y acordamos seguir el camino.
Precisamente en ese momento el Padre Manolo decidió reorganizar las huestes. Llamó al graciosillo de la copla del discurso y le dijo.
 A ver, tu. Hay que fijar el próximo reagrupamiento. Busca una tableta internáutica de esas o vete con Tino y entérate si en Faramontanos hay un bar y como se llama, para fijar allí el punto de reunión.
A los pocos minutos volvió el gracisiollo donde estaba el Padre Manolo rodeado del grueso de la tropa veterana y masculina.
 Qué,¿ has averiguado lo que te pedí?
 Si jefe. Efectivamente hay un bar en el centro del pueblo, se llama el bar Boya
 TOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOCAME la …..., gritaron todos a coro.
El Padre Manolo puso una amplia sonrisa de satisfacción y dio orden de reemprender la marcha.
A partir de ahí todo fue bien, pista recta, giro a la derecha, más pista recta, giro a la izquierda, más pista recta, giro a la derecha, pista recta, giro otra vez a la derecha, pista recta, nuevo giro a la izquierda, pista recta, giro a la derecha y máaaas piiiiiista recta. Reagrupamiento en el Bar Boya de Faramontanos, donde a la salida visitamos su capilla, una de las más desconocidas obras del famoso arquitecto francés Le Corbusier.
Entrada triunfal en Tábara, donde nos agasajaron las bellezas locales, nos recibió el alcalde con banda de música y nos agradeció profundamente la visita el hostelero del bar de la plaza. Comida campestre, solo para los que lo hicieron en los bancos del parque, para el resto comida en el entoldado y degustación de variados postres artesanos.
Con la andorga llena de tapitas, embutidos variados, tortilla, empanada y otras viandas de comida campestre, birra, vino, café y chupitos, o sea el típico menú del peregrino, ! Hala!, ! A caminar!.
Pista recta, giro a la derecha; pista recta, giro a la izquierda; pista recta, otro giro a la derecha. ! Cóño, por fin un cruce donde el camino sigue recto!
 Alto ahí. !Deteneos!, gritó el Padre Manolo desde retaguardia. ¿ A dónde vais?. Hay que girar a la derecha, como siempre.
 Que no, que aquí está la flecha amarilla que pone que todo tieso.
Reunida la tropa se procedió al examen de la cuestión, ya que unas señales apuntaban a la derecha y otras de frente. Tras examinar detenidamente el mojón que ponía la flecha amarilla que señalaba todo recto alguien dijo:
 Atentos. En éste mojón hay una inscripción borrosa, seguro que es la clave.
 A ver, a ver
 Pues sí, cierto, pero qué pone
 No sé, son símbolos raros, parece tabarés medieval.
 Hay que esperar a venga Pepa para traducirlo, antes de seguir
Se esperó a la llegada de Pepa, que prestamente examinó las borrosas inscripciones del mojón:
 Qué, ¿ qué pone?, ¿es tabarés medieval?
 No. Pone N-VI, Km 456. Es un mojón reciclado de la antigua nacional
Cagüen en too. Hay que decidirlo a suertes. El Padre Manolo dijo a dos que estaban a su lado: A ver tu, ponte de frente al mojón y tu, a la derecha. Lanzó un escupitajo al aire y le cayó al de la derecha.
 !Hala!, Pa la derecha, como siempre.
Pista recta, giro a la izquierda; más pista recta, giro a la derecha. Todo volvió a la normalidad hasta Bercianos, fin de etapa.
Domingo. Día del Señor:
El Domingo seguimos con las pistas a derecha e izquierda, con el único cambio reseñable que cambiamos los campos de cereal y praderas por choperas y más choperas.
Comimos en Micereces, el arroz que hacía mi mami con salchichinas de carnicería y que llamaba arroz pobre, pero que ahora lo llaman “a la zamorana”. Pero bien, sabrosín y en su punto, para repetir.
A la salida de Micereces encontramos en la carretera a un fulano de melena, barbota y bigote, cara de sicario del cartel de Medellín, ancho de espaldas, con un guitarrón mejicano, que nos hizo autostop.
Lo subimos al bus, se puso en la parte de alante del pasillo y con ese aceto dulce mejicano y una voz suave y melódica que no pegaba nada con el tipo, nos dijo:
 Muchas gracias señores por su amabilidad, permítanme que les corresponda con unas canciones para amenisarles el trayecto.
Así que cogió la guitarra y se puso a cantar: “Cuando te acuerdes de mi, échale un suspiro al viento …....siempre, siempre vienes a mi pensamiento....”
Y así fueron pasando los paisajes de los campos de Castilla a los sones de las canciones de aquél mejicano, camino de vuelta para la salida de la próxima etapa.
FIN
NOTA: Querido lector/a, parte de los pasajes de esta historia son ciertos y otros no tanto, así que te propongo jugar a “cierto o falso” con los siguientes:
. En Puente Quintos nos cruzamos con un peregrino mayorín
. Severino tiene una navaja del ejército suizo
. Jóse subió el talud de barro con dos piedrinas, sin mancharse
. Hubo un incauto que cayó con la copla del bar de Faramontanos
. La capilla de las afueras de Faramontanos es de Le Corbusier
. El mojón de la desviación de Bercianos es uno reciclado de la antigua N VI
. Marco Antonio Solís nos amenizó el viaje de vuelta.


      

-Ultreyo-
Claudio Alvargonzález Terrero

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