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Riaño -Cistierna:

Tercera etapa: Riaño-Cistierna:
Introducción:
La Ruta, saliendo por el puente nuevo de Riaño discurre por el lado izquierdo del embalse, por pueblos y paisajes realmente bellos, que nos hacen recordar a los que desaparecieron bajo el agua, que también sepultó la Calzada Romana antigua.
Es un trayecto de 32 kilómetros hasta Cistierna, que puede dividirse en dos jornadas y que pasa por más de una veintena de pueblos a ambos lados del río Esla y de la carretera N-621.
Carande y Horcadas,(Ayuntamiento de Riaño) Remolina, Las Salas, Valbuena, Salamón, Ciguera, Lois, Crémenes, Corniero, Argovejo, Villayande Crémenes), y Santa Olaja de la Varga, Ocejo de la Peña, Fuentes dedre, Valdoré, La Velilla de Valdoré, Verdiago, Aleje, Alejico, (del Ayuntamiento Peñacorada), (del Ayuntamiento de Cistierna). El desvío a Sabero.
Caminar por este tramo de la Montaña leonesa es uno de los grandes placeres que puede tener un caminante peregrino. El río de aguas frescas y abundantes, (después de la salida del embalse), las choperas, las rocas altas, grises y verdes, salpicadas de hayas, robles, sabinas, mostajos, serbales, acebos y algunos tejos invitan a detenerse y admirar sus múltiples rincones, cárcavas y escobios.
Especialmente destacable es El Sabinar de Crémenes: montañas rocosas salpicadas por sabinas verdes durante todo el año. Los manzanos, nogales, cerezos y avellanos ofrecen sus frutos en cada temporada.
Descripción de la Ruta:
Riaño:
A la salida de Riaño, cruzando el embalse, tumba del antiguo pueblo de Riaño, por el gran puente de hormigón, y después del túnel, nos acoge a la izquierda, la ermita de La Virgen de Quintanilla, en la proximidad ya de Carande. Es una gran ermita del siglo XVIII, reformada recientemente y trasladada más arriba del lugar primitivo, que conserva una imagen románica de Santa María, de muy buena factura, pero mala restauración, guardada en la iglesia de Riaño.
El lugar es como un mirador que nos permite volver la vista hacia atrás, para ver otra vez el lago donde se reflejan las montañas y especialmente la silueta lejana del Espigüete, en forma de pirámide egipcia, aun más gigantesca.
En la ermita se celebra la fiesta el 15 de agosto, mantiene los recuerdos de lo que fue un centro turístico, corazón de la montaña leonesa de antaño.
Carande: Cruce y bifurcación de la antigua vía romana, conserva el sagrario renacentista de un retablo dedicado a San Hipólito y algunas imágenes del mismo, entre las que destaca la curiosa e irreverente imagen de María con el Niño que cruza las piernas, recordando al famoso Espinario clásico.
Se llega hasta Horcadas:(Forcadas) por la que fue antigua calzada que venía desde Huelde que pasa por debajo de la carretera actual (dejando a Anciles, en el desfiladero, hoy ocupado por las aguas). En la iglesia, una imagen de San Miguel recuerda un poblado antiguo, con ermita dedicada al santo Arcángel. Es pueblo con casas restauradas, limpio, de agradable clima y con vistas a Peña las Pintas, El Jaido y Aguasalio con altitudes próximas a los 2000 metros .
Ambos lugares eran dominios de la abadesa del monasterio de Gradefes, desde el siglo XIII.
En Huelde, desaparecido en el agua, la calzada romana pasaba por Horcadas, Carande, Salio y Pedrosa del Rey a la Tierra de la Reina y por la izquierda hacia La Puerta, Riaño y Asturias.
Cruzando el túnel de Remolina y pasando por encima de la presa de hormigón que detiene las aguas del río Esla, convirtiéndolo en lago, dejamos a la izquierda a Remolina (Molino de Río), situado en un valle frondoso entre rocas. El pueblo tuvo dos ermitas: San Roque y San Jorge. San Roque, el peregrino, que vemos en todas las iglesias como protector de las pestes y de los peregrinos y San Jorge, el héroe. Dice la tradición que cada año se ofrecía una doncella para satisfacer las ansias del dragón, que fuera lanceado por el santo protector. El dragón era símbolo del mal; la doncella siempre significó la inocencia y la libertad, defendida en la leyenda por el héroe Perseo, Hércules, San Miguel o San Jorge.
Las Salas:
A los 11 kilómetros de Riaño se llega a Las Salas (¿Las Alas?). Este lugar era citado en los documentos antiguos como monasterio de San Martín de Alión y formó más tarde el concejo del mismo nombre, hoy recordado como el Valle de Vegalión.
Estas tierras fueron donadas en el siglo IX al monje Sisenando quien, procedente de la zona y siendo abad de San Martín de Turicno (Santo Toribio de Liébana) fue nombrado obispo de Iria Flavia, (Padrón), mas tarde diócesis de Santiago de Compostela.
En la iglesia se conserva una bella escultura del siglo XVI del titular San Martín, otro santo protector de peregrinos, puesto que se le representa dividiendo su rica capa de militar con el pobre peregrino desnudo, aunque en este caso sea una representación de San Martín como obispo.
El desvío hasta Lois
Si se desea visitar Lois, a poca distancia, siguiendo la carretera saliendo de Las Salas, hallamos el cruce, con antiguo molino restaurado. Continuamos tomando a la derecha la estrecha carretera de montaña que conduce a Valbuena del Roblo, Salamón, Ciguera y Lois.(8 kilómetros)
Antes de llegar al cruce de Lois, a la derecha, se conservan ruinas del antiguo monasterio de San Martín de Alión que fueron utilizadas como cementerio y a la izquierda el molino del monasterio restaurado.
Merece la pena desviarse unos kilómetros subiendo por el río Dueñas (Donnas), de aguas cristalinas y truchas visibles, tomando el sol junto a las piedras del cauce, rodeado de un paisaje encantador.
Encontramos otro gran molino restaurado, ejemplo de industrias medievales, transformado en centro de recreo de uso privado, pero en cuyo interior se conservan piezas de mucho interés. A poca distancia la ermita de La Virgen del Roblo (Roble, Rovere).
Es obra reciente que anteriormente estaba en la parte izquierda del río y es centro de importantes romerías para los pueblos de Valbuena, Ciglicra y Salamón.
Lois: (Loides) es conjunto de interés cultural por el complejo de sus edificaciones típicas y por la bella iglesia barroca, construida con piedra marmórea del lugar que, por su tamaño y calidad de materiales, es conocida como La Catedral de la Montaña.
Dos importantes lápidas vadinienses (Museo de León) indican haber estado habitado el lugar por cántabros vadinienses.
Los romanos explotaron minas de cobre, cinabrio y hierro, como lo testifican algunos utensilios encontrados en el lugar.
Volviendo a la carretera, podemos retroceder hasta las Salas para iniciar La Calzada Romana, o continuamos, cruzando El Sabinar, 5 Kilómetros hasta Crémenes.
Crémenes:
Crémenes es el centro administrativo del Ayuntamiento con 13 pueblos que forman la Mancomunidad de Montaña de Riaño: Aleje, Argovejo, Ciguera, Corniero, Lois, Remolina, Salamón, Las Salas, Valbuena del Roblo, Val doré, Velilla de Valdoré, Verdiago y Villayandre.
En estos lugares han aparecido más de una docena de lápidas vadinienses, lo cual hace pensar que pudiera haber sido el centro de la etnia cántabra llamada Vadinia. (Museo de León, Museo de Santander, Museo de Oviedo).
Hay en Crémenes servicios de restaurante, cafetería y hospedaje, aunque haya perdido parte de su importancia turística, al no poder utilizar el río como zona de baños, como se hacía antes, ha sido sustituida por el complejo de piscinas y deportes actualmente.
Merece la pena visitar la antigua iglesia de San Miguel.
Dedicada a menesteres agrícolas, tal vez un caso único en el mundo con un establo de diez pesebres de vacas que rumian su comida y rumiaban mientras contemplan un retablo pintado en la pared del siglo XVIII, con las imágenes del Cristo rodeado de María,San Juan y una Anunciación.
Las vigas y las ménsulas están talladas en madera de roble y rematado al exterior por una graciosa espadaña sin campanas.
Bien merece una atención mejor que la que tiene, al igual que el hórreo contiguo y el herrador.
La neorrománica iglesia actual es obra 1946­-1949, realizada con planos de Juan Torbado, sobre un solar permutado por la iglesia antigua. Conservaba en su interior una imagen de San Miguel del siglo XIV, procedente de la citada iglesia y desaparecida, pero se conserva un cordobán policromado del siglo XVIII.
A las afueras permanece la Casa Forestal, bello ejemplar de arquitectura de principios del siglo XX, marcada por el abandono y el descuido de instituciones públicas.
Un desvío a Corniero permite conocer uno de los pueblos escondidos en la Montaña, que conserva un bello herrador.
Tramo de la Calzada Romana:
Desde Las Salas y también desde Crémenes y Villayandre, se puede tomar la opción de utilizar la senda, antigua Calzada Romana, y ruta de carros reparada en la época de Carlos III en el siglo XVIII, señalada recientemente como ruta PR-PE 5, de una longitud de 12 kilómetros que une varios pueblos: Las Salas, Crémenes, Argovejo, Villayandre y Valdoré, y se puede prolongar, recuperando tramos que se conservan, hasta Aleje, Verdiago y Santa Olaja de la Varga, Vegamediana y Cistierna.
La pista, llamada Calzada Romana, bordea la orilla izquierda del río Esla y las estribaciones del monte Aguasalio.
Cruzando la zona de San Roque, el escobio de Remanganes, y la Fuente de la Olla, se llega hasta la Casa de los Pescadores, bello rincón y albergue.
Este tramo de calzada entre sabinas, nogales y fresnos, conduce hasta la ermita Virgen de Pereda (Pereta), obra moderna, de 1966, que ofrece un descanso en el camino, junto a la fuente y que sustituyó al antiguo monasterio de San Martín de Pereta.
Por un documento del año 1020, firmado en el castillo de Ciudad de Sabero, consta que hubo un monasterio, dedicado a San Martín, que disponía de una tabla de pesca en el río Esla, para sostenimiento de monjes y de los viandantes que pernoctaban en el hospital del cenobio. En el documento se hace constar que las muchas posesiones con que le dotan sus fundadores, Fernán Flaínez y su esposa Elvira, han de servir para sustento de los pobres peregrinos.
El monasterio dependió algunos años de los canónigos de Santiago de Compostela, pasando más tarde a ser administrado por el monasterio benedictino de Benevivere, junto a Sahagún, que tenía muchas posesiones en la zona, entre ellas el curato de Argovejo. Nada queda de esta antigua historia, si no es el recuerdo en la nueva ermita de Pereda que nos permite descansar en su pórtico y en la fuente.
Desviándose 2 kilómetros, hasta Argovejo, (ArguveLio) que es un pueblo típico de montaña con casas antiguas restauradas. En la iglesia restaurada poco queda, salvo la imagen del titular, San Andrés, en un retablo moderno de ladrillo y de gusto muy dudoso.
Continuando la Calzada Romana, asfaltada desde Pereda hasta el puente de Crémenes, se pasa por el lugar de San Roque, el Escobiello y después se llega a Villayandre.
La calzada toma suavemente cierta altura, con piso de grandes losas y muros de contención; hasta llegar a la Entrecisa.( cortada entre rocas), por el llamado El Pajar del Diablo (la ¿Bajada del Diablo?).
Discurre suavemente por las montañas cortadas sobre el río,creando espacios de sombra entre bosques de robles, sabinas, alisos, álamos, avellanos y vistas sobre el río y la carretera que forma meandros en el profundo valle.
La calzada de más de tres metros de anchura, conserva tramos de grandes losas y muros laterales.
Es fácil para caminar e inolvidable su paisaje para caminantes y peregrinos amantes de la naturaleza, de la historia y la espiritualidad, pisando las losas de una calzada romana y medieval utilizada durante tantos siglos por vadinienses, romanos, soldados medievales, peregrinos y caravanas de carros que llevaban muebles y madera de roble y haya hasta Tierra de Campos, a cambio de traer trigo y vino, lo que se ha nominado como El Ruido de las Carretas.
A la Calzada Romana se puede entrar por el puente de Las Salas, el de Crémenes o por el de Villayandre.
Villayandre: aún mantiene restos de la calzada romana, bien visibles, que sirvió, sin duda, para los caminantes medievales y en el pueblo, alguna casa blasonada recuerda a los caballeros medievales. En la iglesia, partida por un muro inútil, hay varias imágenes barrocas, San Roque, de la antigua ermita, que muestra un curioso bigote y sombrero dieciochesco, San Bartolomé, atando con una cadena al demonio y Santa María.
Valdore – Alejico:
Bordeando el río Esla, entre montañas de rocas calizas que atesoran abundantes vestigios geológicos y prehistóricos, (escuela de geólogos), el caminante desciende por la calzada hasta a Valdoré, (Val deOred).
Saliendo de la calzada y cruzando el puente situado a la derecha, en la iglesia del pueblo, se venera la bella imagen románica de Santa María del Esla, del siglo XIII, una de las pocas piezas medievales salvadas del ansia de musear todo en la capital.
Bien merece la pena un paseo de poco más de un kilómetro para visitar Velilla de Valdoré, típico pueblo de montaña, escondido en un valle alegre y sano, donde se han encontrado un par de lápidas vadinineses.
Estos pueblos fueron desde el siglo XI, parte del condado de los Flaínez y también de los Aguilar (Aquilare) que tenían su castillo en Sabero.
El río Esla, perfectamente regulado por la presa de Riaño, suele tener agua abundante, en verano y en invierno, y sirve para que los deportistas aficionados al Rafting practiquen este deporte en aguas bravas, así como el descenso en piraguas, a lo largo de este río poco conocido y explotado, desde el punto de vista deportivo y que pudiera ser uno de los puntos de deportes fluviales más importantes del país, al estar reguladas sus aguas por el embalse. Sería otro de los grandes programas de atracción para la montaña leonesa.
La calzada antigua, se interrumpe en tramos, por obra de la nueva carretera, y llega hasta Verdiago.
Aún conserva un hórreo, y arriba, en la colina, un castro de origen celta, utilizado por los cántabros vadinienses, que popularmente se llaman castillos de moros. El pueblo tuvo "voto de Santiago", es decir, practicaban la ofrenda al Apóstol cada año, acudiendo a su festividad a Compostela. La iglesia dedicada a San Mamés, conserva la pila bautismal antigua como jardinera al exterior.
Aleje:con restos de una excavación con enterramientos medievales, cerca de la iglesia, parece ser el lugar donde nació el citado Sisenando. De hecho las tierras de Aleje y Villayandre fueron donadas por el rey Alfonso III a Sisenando (año 872), porque le pertenecían por herencia de familia. Ambos pueblos se comunicaban por el puerto de Ventaniello, en cuyo trayecto estaba la ermita de San Miguel y se conocía como el enclave de Sisenando o pequeño lugar gallego. En su iglesia, dedicada a Santa Eulalia, un Santiago Matamoros remata, de una manera extraña, el ático del bello retablo, de arte muy popular por su gran colorido.
Alejico: situado al otro lado del río, antaño fogón de buenas truchas y lugar de refrescantes aguas de baño en el río, hoy imposible, por causa de las frías aguas del río Esla, procedentes del pantano. La antigua pila bautismal de la iglesia ha sido respetuosamente colocada en el atrio.
Santa Olaja de la Varga, Sabero y Fuente de Peñacorada
Por la izquierda continúa la senda o calzada a Santa Olaja de la Varga (Santa Eulalia de la Cuesta ) pueblo típicamente montañero, como su vecino, Fuentes de Peña Corada, que, al estar situados a la izquierda, fuera de la carretera actual, se olvidan. En Santa Olaja aun permanece sobre el río Orbayo o de la Duerna, el puente de Los Vaiteros, (Viatoreso Viajeros) en los Campos Caudoces, con los restos de lo que fue la Calzada Romana y camino medieval (utilizada como ferrocarril para trasporte del carbón durante el siglo pasado).
Los Campos Caudoces bien pudiera haber sido el lugar donde los romanos establecieron el campamento en las guerras contra los cántabros. En la iglesia se conserva la imagen de la ermita de Santa María de Orbayo del siglo XVIII, titular de un santuario mariano de origen visigótico, cuyos restos están en trámite de recuperación.
Una cueva natural llamada El Carrascal, de gran interés, debido a sus salas llenas de estalactitas y estalagmitas, espera su puesta en marcha para ser visitada.
En la iglesia de Fuentes de Peñacorada, para los que desean desviarse en el cruce de la izquierda a visitar este pueblo de montaña, (3,400 km.) desde el mesón La Barca o para los que procedan de la zona este, de la Virgen de la Velilla, la presencia de una cruz mozárabe del siglo X, (trasladada al Museo Diocesano de León), y la imagen de Santiago Peregrino en el retablo hablan de la antigüedad de la población y su relación con Santiago, a quien procesionan vestido de dulces cada año.
Es una lástima que no se hayan respetado con mayor atención las arquitecturas populares de estos pueblos, situados en un paisaje de montaña excepcional en la vertiente norte de Peñacorada.
Subir al mirador de Los Rejos es una opción agradable para contemplar una gran panorámica del valle del río Esla y los demás lugares que rodean a Peñacorada.
Especialmente de interés es la vista de los castros de Sabero (Cildad) y Santa Olaja, situados uno frente al otro, para defender el paso por el estrechamiento del río Esla entre las montañas.
Cistierna:
Cistierna (Cisterna, aljibe) es el límite entre la Montaña y la Ribera.
Los romanos explotaban minas de cobre que lavaban en la zona de donde posiblemente proceda el nombre de Cistierna, segun algunas opiniones. Una fuente termal de abundante agua, con el nombre de Jagariz, denota una vaga presencia de los árabes, donde un aljibe o cisterna situado en la parte norte del lugar, a la que acudía la gente, pudiera ser el verdadero origen del nombre de Cistierna. Lástima que haya desaparecido la fuente y sobre todo el recuerdo del lugar.
Desde el siglo X se documenta la existencia de un monasterio dúplice de hombres y mujeres dedicado a San Facundo, Primitivo y Cipriano en el pueblo. En el siglo XII(1122) un clérigo llamado Pedro Vélaz construye la iglesia de Santa María y junto a ella un hospital " para pobres y peregrinos ". Aun permanece la iglesia con el nombre de Santa María, reformada posteriormente y que ahora se usa como centro cultural para manifestaciones artísticas, en la zona del Albergue de San Guillermo sede de la Asociación de la Ruta Vadiniense y la Casa de la Cultura.
Las minas de carbón en las zonas cercanas, explotadas desde mediados del siglo XIX y el ferrocarril de vía estrecha llamado El Hullero (I890 1894) (hoy Feve) hicieron de la villa de Cistierna un importante centro comercial, porque alimentó de energía carbonífera y de mano de obra a la industria vasca de Bilbao, durante más de un siglo.
De nuevo el antiguo ferrocarril ha sido renovado como El Transcantábrico, por el norte de las provincias de León, Palencia y Burgos hasta unir con el circuito del Cantábrico, Bilbao, Santander, Oviedo, Ferrol y Santiago de Compostela, a ambos lados de la cordillera, ¡Moderno camino jacobeo en tren!
La celebración anual de El día de la Olla ofrece un recuerdo a los ferroviarios que viajaban en las cabinas abiertas de los vagones del antiguo ferrocarril, soportando frío, manuales de los trenes hasta Bilbao, mientras hervía la típica olla con el cocido de alubias, garbanzos, chorizo, la morcilla y el tocino, al mismo tiempo que les servía de estufa.
La casa consistorial, construida en el año 1929, es obra importante, no terminada según el proyecto del arquitecto Blanch, pero sí el añadido dirigido por Martín en el año 1980.
El mercado de los jueves, en una plaza cubierta de hierro moderna, mantiene viva la historia de Cistierna, que vuelve a tener actividad, gracias a la ganadería extensiva e intensiva de la montaña y su selección de carnes de calidad, que ha sustituido el transporte en los nuevos polígonos industriales de Vidanes y Sotillos.
La villa, confluencia de varias carreteras, tiene todas las asistencias propias de una capital de comarca: juzgados, notaría, ayuntamiento, centro de salud, comercios, gasolineras y una buena, abundante y moderna hostelería. Ofrece piscinas y zona deportiva.
Típicos son los sabrosos dulces o Lazos de San Guillermo, Las Teclas y otros productos, como la sopa de trucha que se come con tenedor, la morcilla al queso de Cabrales, el queso de pata de mulo, la cecina de Valmartino o las jijas (adobo de cerdo con ajo y pimentón rojo).
Las sopas de ajo dejan un buen recuerdo, recordado en la canción popular: “Las sopas de ajo de la mujer leonesa, lo mismo da muchas que pocas, hermosean, colorean, quitan hambre, no dan sed, nunca enfadan, siempre aguardan y sacan a la gente gorda y colorada.”
Fuente:Rutavanidiense.


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